L'ORNITONIGMA

diumenge, 17 de maig de 2015

Colorines


Me gustan los colores. Disfruto combinádolos, compartiéndolos, enseñandolos, lo habitual en un maestro de Primaria. Siempre digo que la vida son colores, aunque también se puede vivir sin ellos, pese al dolor que pueda generar. Preguntádselo a aquel paciente de Oliver Sacks, que tan bien describe en su libro Un antropólogo en Marte (Editorial Anagrama). El señor I., en pleno apogeo de su carrera artística –era pintor-, sufrió una acromatopsia y pasó de ver el mundo en color a percibirlo todo en una gama de grises. Adiós a los colores. Pero en su caso, no creo que le dijera adiós a los colorines. És pura intuición.

A veces pienso en el señor I., sobretodo cuando voy en el metro o paseo por algunos barrios de mi ciudad. Son momentos realmente desgraciados. Me siento –salvando las distancias− un poco señor I., no puedo ver los colorines. Sé que están ahí porque los escucho, escucho sus trinos. Están ahí, los veo balanceados de un lado a otro, mientras describen un arco, marcado por el ritmo del caminante que los mantiene atrapados en su atracción de trapo. Los colorines cantan, asidos, del todo incómodos y asustados, a su percha. Puedo sentirlos. Sólo sentirlos. Están atrapados en esa atracción de trapo, una celda de 13,3 x 23,2 x 19,1 o tal vez de 16,1 x 20,1 x 18,8 [unidad de medida: centímetros].



Cada año se cazan miles de jilgueros. Digo miles, porque se desconoce la cifra real de los que acaban bajo las redes o enganchados a ramitas impregnadas de pegamento. Se hace con el consentimiento de las autoridades, que emiten decretos para una “captura sostenible”. Y todo en pro de una tradición para disfrutar del canto de unas aves, como si no fuera posible y suficiente con salir al parque, campos y jardines de nuestras ciudades para disfrutar de esas notas que los convierten en objetos tan codiciados por algunos.



Según cálculos de SEO/BirdLife, cada año se capturan en torno a un millón (unidad seguida de seis ceros) de fringílidos para su “adiestramiento” en el canto. Resulta significativo que la Federació Catalana de Caça se expresara en estos términos: “Volem agrair la perseverança i l’esforç realitzat dins el món federatiu, ocellaire i polític. I no podem oblidar tampoc, que aquest procés ha estat possible gràcies a la col·laboració i implicació de la Conselleria d’Agricultura, Ramaderia, Pesca, Alimentació i Medi Natural.” Lo hacía en el 2014 en relación a la aprobación de un proyecto de Decreto, que permitirá la captura en vivo y la tenencia de aves fringílidas durante el periodo 2014-2018. Pero la cosa no queda aquí. También se felicitan porque en “2014 hem aconseguit el Decret de Control de Predadors, el Decret de regulació de la comercialització de Carn de Caça i en poc temps haurem assolit el decaptura de fringíl·lids”.  En octubre de 2014, se aprobaba tal decreto. Que cada uno saque sus propias conclusiones.



Se me olvidaba. No soy pajarero ni ocellaire. Quizás ornitólogo AFICIONADO. O quizás tan sólo me gusta ver aves.

1 comentari:

Montse Comerma ha dit...

Gràcies per aquest post, que m'ha agradat molt.
Jo tampoc suporto animals engabiats.
Visc en un àtic amb una petita terrassa a prop del Parc del Guinardó, i de tan en tan venen ocellets a la terrassa. Per si volen veure aigua o es volen refrescar, hi tenim posat un plat de test amb aigua neta.
I venen... No saps l'alegria que ens fa que facin servir la seva piscina. Aquí veuràs un post (en anglès) del que et dic.
http://montsecc.blogspot.com.es/2015/04/aaaaarrrrrggghhhhh.html
En fi... cada loco con su tema.