L'ORNITONIGMA

dimecres, 29 de juliol de 2015

Gavians blancs


Les rodalies de Barcelona, com cada estiu, arriben fins la costa atlàntica del sudoest de Galícia. En aquestes primeres setmanes de juliol, poca cosa es pot veure per aquestes contrades, així que aboco la majoria del meu esforç (com a birder) en la observació de gavines i gavians, els ocells aquàtics més abundants fins que arribin els fluxos migradors de limicols.

Gavines i gavians adults són aus, on diferents games de grisos es combinen amb el blanc per donar diferents patrons. Abans però d’arribar a aquest plomatge definitiu són aus esencialment marrons. Tanmateix hi ha una excepció, les anomenades col·loquialment gavines blanques. Es tracta d’un petit grapat d’espècies de distribució circumpolar, que ja des del seu primer any calendari presenten coloracions blanquinoses. Una d’aquestes espècies és el Gavià hiperbori (Larus hyperboreus). Fa uns dies, el 23 de juliol, un exemplar inmadur va decidir pasar una estona a la maresma de Ramallosa (Nigrán-Baiona).


Altres gavines blanques
Però no cal pertànyer a aquest grup de gavians septentrionals per a ser una gavina blanca. Només cal que la natura, tot un laboratori de proves, tingui una errada perquè allò que hauria de ser gris sigui blanc, allò que haria de ser negre o marró sigui blanc, o simpliment els colors semblin diluïts, adoptant un to color cafè amb llet (més llet que cafè). Doncs d’això m’he trobat aquests dies per aquestes comarques galegas. Aquí us deixo una mostra de viversos exemplars de gavian argentat (Larus michahellis).  Si voleu informació més concreta sobre aquestes aberracions cromàtiques, us recomano la lectura de l’article de l’Hugo Sánchez al seu blog Amantes de la Ornitología.

Gavians completament blancs.


Larus michahellis, maresma de Ramallosa, Nigrán-Baiona, Pontevedra.


Gavians parcialment blancs.



Larus michahellis, Porto Mougás, Oia, Pontevedra.
Y finalment gavians diluïts.

Larus michahellis, Area Loura, Nigrán, Pontevedra.

dimarts, 14 de juliol de 2015

Anillas


Mal favor nos hicieron a algunos, aquellos que un día les dio por poner a las gaviotas y otras aves anillas y demás artilugios en las patas. Siempre la llevo dentro, latente, a veces sale, por pura necesidad. Es una fuerza interior, oscura y poderosa, que me lanza a una desenfrenada búsqueda de anillas con códigos alfanuméricos, anillas de colores combinadas no siempre respetando un orden estético, anillas con banderolas, de PVC o metálicas... Como digo, siempre está dentro y de tanto en cuanto va saliendo, pero donde lo hace con más virulencia es sin duda en Galicia.



No sé si es el clima, la comida o qué demonios, pero no lo puedo evitar. Cargo con mis prismáticos, mi telescopio y un cuaderno, y me preparo para prospectar arenales, acantilados marinos y marismas. Escruto con pasmosa atención tarsos y tibias de todo ser viviente emplumado, aunque sean las gaviotas las que se llevan gran parte de mi atención. Y cuando aparece, la anilla, ruego entonces a los dioses para que me ofrezcan una lectura limpia y rápida, que no esté gastada, ni manchada de fango o medio tapada, ni que haya perros a la vista, espantagaviotas veraniegos o instagrameros ávidos de un bucólico fondo de láridos en vuelo. En resumen, que lo primero que hago es ponerme en alerta, enfocar el telescopio hacia el objetivo, disponer lápiz y papel, y barrer de cabo a rabo todo el bando. Cuando por fin la encuentro, ¡vaya, está gastada!



Continuo la búsqueda. No decaigo.  Y doy con otra. Ésta es visible, bien visible. La grabo rápidamente en mi cerebro: “467Marribaabajoinmaduroblanconegrotarsoizquierdometalderecho”. ¡Hecho! Me afano a pasarlo al cuaderno. Pego de nuevo el ojo al ocular y confirmo el dato. Chapeau! 



Sigo buscando. Entonces suena el teléfono.

“Ya estamos todos en la mesa. ¿Vienes a comer?”. “Sí, Mami. En cinco minutos estoy ahí”. 

(Dedicado a mi madre).

diumenge, 12 de juliol de 2015

Solución al Ornitonigma de mayo


Antes de comenzar la descripción y resolver el Ornitonigma de mayo, me gustaría comentar en un par de líneas algunas curiosidades sobre este mosquitero, porque de eso sí que estamos todos seguros, se trata de un mosquitero. En concreto de un mosquitero casi exclusivamente europeo, que gusta de los bosques maduros y bien desarrollados para criar. El invierno, como muchos de los miembros del género Phylloscopus en Europa, lo pasa en el África ecuatorial. Comentar por último que es el más grande de nuestros mosquiteros. Quizás con estos datos, ya sepáis de cuál se trata.


Breve análisis de la fotografía

Bajo el dosel arbóreo vemos un mosquitero de estructura robusta, compacto y con un patrón facial bien marcado. Pese a la débil luz previa al ocaso —momento en que se tomó la fotografía—, se aprecia un claro contraste entre las partes superiores verdosas y las inferiores pálidas, de un blanco sedoso algo sucio por efecto de la luz, pero aún así bastante bien delimitadas.

Lo más llamativo es sin duda su diseño facial, en el que destaca una ancha ceja amarillo limón, flanqueada en su parte inferior por una lista ocular oscura y enfatizada por un anillo ocular amarillento. Las mejillas y coberteras auriculares son del mismo tono amarillo que el supercilio, aunque ligeramente más oliváceo en su extremo posterior, allá donde se fusionan con el verde oliváceo de los lados del cuello.

Sobre las partes superiores verdes destacan las terciarias de centros oscuros con anchos bordes blanquecinos. Bordes blanco-amarillentos se distinguen también en las grandes cobertoras, que añaden un ligero contraste al conjunto. Afinando mucho, y gracias a la fotografía, ya que en el campo debido a las condiciones que se daban no era una característica apreciable, podemos intuir que los bordes de les hemibanderas externas de las secundarias son amarillentos y forman un panal alar. En el resto de las alas, destaca el álula y las primarias más oscuras que el resto.

Otro detalle importante y apreciable en la fotografía, es la corta proyección de las retrices en relación con las infracobertoras caudales. Este rasgo acentúa su aspecto compacto y robusto.

En cuanto a las partes no emplumadas, sólo podemos apreciar unas patas largas y fuertes de un tono amarillo pálido y el ojo oscuro bien contrastado contra el fondo amarillento.

Con todos estos elementos ya podemos empezar a discriminar.


Valorando candidatos

El mosquitero musical (Phylloscopus trochilus) es también un mosquitero grande, pero más elegante, estilizado y longilíneo, de patas largas y claras como el de la fotografía. La tonalidad general de las partes superiores va del verde oliváceo al verde amarillento, pero sin ese contraste tan acusado con las partes inferiores. Por el contrario parece que tienden a fusionarse. Cuenta también con un suave patrón facial, formado por un supercilio blancuzco-amarillento y una lista ocular oscura, aunque mucho menos contrastado. En general se trata de un ave de aspecto más uniforme y monocolor en contraste con el de la fotografía.



El Mosquitero verdoso (Phylloscopus trochiloides) es también una especie con un marcado contraste entre las partes superiores verde oliva o verde brillante (dependiendo de la subespecie) y las inferiores blancas. Presenta un patrón facial llamativo, formado por supercilio bien marcado, que desde la frente alcanza el extremo posterior de las cobertoras auriculares. Sin embargo, es de un tono blancuzco o cremoso y no amarillo limón como en el caso de nuestra ave. Tampoco son amarillas las mejillas, que aparecen cubiertas de un moteado oscuro similar al tono de las partes superiores. Un rasgo característico de esta especie es la nítida barra alar formada por las puntas blancas o blanco-amarillentas de las grandes cobertoras externas, rasgo ausente en el ejemplar de la foto. Otra diferencia no menos importante la encontramos en el color de las patas, que varían entre el marrón y el gris, pero nunca son amarillentas. Por tanto, es difícil que ésta sea nuestra ave.

http://ibc.lynxeds.com/photo/greenish-warbler-phylloscopus-trochiloides/nandi-hills-bangalore-india


Siguiendo con nuestros candidatos llegamos al Mosquitero papialbo (Phylloscopus bonelli). Es éste un mosquitero que difiere mucho de nuestro ejemplar, básicamente por la ausencia de patrón cefálico bien definido, que en todo caso aparece muy difuso.



Tenemos por último al Mosquitero silbador (Phylloscopus sibilatrix). Un ave con las partes superiores de un verde intenso, con terciarias oscuras con bordes pálidos, destacado supercilio amarillo limón, lista ocular oscura, mejillas amarillas, partes inferiores blancas bien contrastadas con las superiores y patas pálidas (amarillentas). Todos estos datos son coincidentes con el breve análisis que se hizo en el primer epígrafe. Por tanto, ya le podemos poner nombre y apellidos a nuestro pequeño misterioso, Mosquitero silbador

El ejemplar fue observado junto a Jordi Sala, Jaume Castellà i Dani González en los Aiguamolls de l’Empurdà la pasada primavera.

Exemplar en el parque de la Pau, Sant Adrià de Besòs, Barcelonès
(imagen de archivo).

diumenge, 17 de maig de 2015

Colorines


Me gustan los colores. Disfruto combinádolos, compartiéndolos, enseñandolos, lo habitual en un maestro de Primaria. Siempre digo que la vida son colores, aunque también se puede vivir sin ellos, pese al dolor que pueda generar. Preguntádselo a aquel paciente de Oliver Sacks, que tan bien describe en su libro Un antropólogo en Marte (Editorial Anagrama). El señor I., en pleno apogeo de su carrera artística –era pintor-, sufrió una acromatopsia y pasó de ver el mundo en color a percibirlo todo en una gama de grises. Adiós a los colores. Pero en su caso, no creo que le dijera adiós a los colorines. És pura intuición.

A veces pienso en el señor I., sobretodo cuando voy en el metro o paseo por algunos barrios de mi ciudad. Son momentos realmente desgraciados. Me siento –salvando las distancias− un poco señor I., no puedo ver los colorines. Sé que están ahí porque los escucho, escucho sus trinos. Están ahí, los veo balanceados de un lado a otro, mientras describen un arco, marcado por el ritmo del caminante que los mantiene atrapados en su atracción de trapo. Los colorines cantan, asidos, del todo incómodos y asustados, a su percha. Puedo sentirlos. Sólo sentirlos. Están atrapados en esa atracción de trapo, una celda de 13,3 x 23,2 x 19,1 o tal vez de 16,1 x 20,1 x 18,8 [unidad de medida: centímetros].



Cada año se cazan miles de jilgueros. Digo miles, porque se desconoce la cifra real de los que acaban bajo las redes o enganchados a ramitas impregnadas de pegamento. Se hace con el consentimiento de las autoridades, que emiten decretos para una “captura sostenible”. Y todo en pro de una tradición para disfrutar del canto de unas aves, como si no fuera posible y suficiente con salir al parque, campos y jardines de nuestras ciudades para disfrutar de esas notas que los convierten en objetos tan codiciados por algunos.



Según cálculos de SEO/BirdLife, cada año se capturan en torno a un millón (unidad seguida de seis ceros) de fringílidos para su “adiestramiento” en el canto. Resulta significativo que la Federació Catalana de Caça se expresara en estos términos: “Volem agrair la perseverança i l’esforç realitzat dins el món federatiu, ocellaire i polític. I no podem oblidar tampoc, que aquest procés ha estat possible gràcies a la col·laboració i implicació de la Conselleria d’Agricultura, Ramaderia, Pesca, Alimentació i Medi Natural.” Lo hacía en el 2014 en relación a la aprobación de un proyecto de Decreto, que permitirá la captura en vivo y la tenencia de aves fringílidas durante el periodo 2014-2018. Pero la cosa no queda aquí. También se felicitan porque en “2014 hem aconseguit el Decret de Control de Predadors, el Decret de regulació de la comercialització de Carn de Caça i en poc temps haurem assolit el decaptura de fringíl·lids”.  En octubre de 2014, se aprobaba tal decreto. Que cada uno saque sus propias conclusiones.



Se me olvidaba. No soy pajarero ni ocellaire. Quizás ornitólogo AFICIONADO. O quizás tan sólo me gusta ver aves.

dijous, 30 d’abril de 2015

Torna l'Ornitonigma: maig 2015

Fa temps, molt de temps, que no actualitzo l'Ornitonigma. Aquí us deixo un nou repte. És fàcil, oi?

A la barra de l'esquerre podeu triar entre les diferents opcions. 

Molta sort!


dimecres, 29 d’abril de 2015

Mirades ornitològiques: falcó cama-roig

De vegades em pregunten: “Per tu, que t’agraden tant les aus, quina és la teva espècie favorita?” Sempre resto uns segons pensatiu. Realment m’agraden les aus, sobre això no hi ha cap mena de dubte, m’agraden tant que em costa molt respondre a una pregunta aparentment tan senzilla. Però és una cosa tan subjectiva (o objectiva si algú té un interés professional en determinada espècie o grup d’espècies estretament emparentades), que la resposta està plena de matissos. Una entrada d’un blog mai no serviria ni tan sols com a introducció. Però com que he de donar una resposta, diré que serà aquella que faci que en un moment determinat i en un lloc concret brollin tot un cabal d’emocions. Són les que jo anomeno, espècies volcàniques. La seva observació, el seu descobriment, és el més semblant a l’erupció d’un volcà. N’hi ha que es queden en una simple emissió de fumaroles; d’altres són especialment violentes, tant que fan convulsionar tot el cos; i n’hi ha, que després de l’explosió, apareix un núvol piroclàstic que ho arrasa tot. D’aquestes últimes, n’he viscudes unes poques.

Els darrers dies es van produir una succesió d’observacions d’espècies de migració típicament oriental a diferents punts de l’est peninsular. Amb tal motiu, em vaig traslladar als Aiguamolls de l’Empordà amb l’esperança de trobar-ne algun d’aquests divagants. Les condicions meteorològiques no eren especialment adverses, però s’esperaven pluges nocturnes, pluges nocturnes que es van quedar finalment en petits xàfacs que no van tenir gaire repercusió en la sedimentació de migrants subsaharians. Realment “vaig gaudir” d’aquesta sequera de migrants. Així són les coses, i els observadors d’aus tenim aquesta capacitat per gaudir d’allò que tenim més a l’abast. Disposem d’una certa versatilitat (disculpeu-me la generalització) i d’un ventall de recursos que ens permet enfrorontar amb èxit el que podria ser una frustració.

Disculpeu-me, em sembla que m’he anat un a mica del fil. Parlava de les espècies “favorites”. De favorites en tinc moltes. M’agraden els limícols, els paseriformes, sento passió per les marines, però què em dieu de les rapinyaires? Ai les rapinyaires! Alguns dels millors moments de la meva vida ornitològica els he viscut mirant rapinyaires amb els meus amics ornitosectaris a L’Espinal. Què tenen les rapinyaires que tan hi agraden? El meu nebot, de només sis anys, coneix molts ocells, però sempre acaba parlant d’”àligues”.

Continuo. Estava el cap de setmana passat escombrant els prats anegats de El Matà, al Parc Natural dels Aiguamolls de l’Empurdà. La vegetació s’havia desenvolupat molt des de la darrera visita, i tot i que estava ple de bitxos, resultava una mica monotemàtic, encara que molt interessant per un home del nordoest, on la Tringa glareola apereix solitària o en petits, molt petits grups. 


Mentre observava els camps de El Matà, vaig establir una conversa amb un altre observador. Em va explicar que molt a prop, als camp de La Gallinera, s’havia vist una femella de falcó cama-roig (Falco vespertinus). No ho vaig pensar ni un segon, vaig recollir els “trastus” i vaig enfilar cap aquests camps propers. En arribar a la zona de referència, vaig veure una petita rapinyaire aturada a uns fils de la llum. Estava contrallum. Ben bé podia ser un xoriguer. Però un cop enfocat amb els prismàtics, vaig adonar-ne que es tractava d’un mascle adult de falcó cama-roig. Vaja, no us havia comentat que l’observador que m’havia comunicat la cita, m’havia parlat d’una femella! Doncs jo havia trobat un mascle? Que l’observador s’havia equivocat? HO dubto. Era una persona amb prou credibilitat. A més,  aquests ocells els agrada viatjar en grup, o com a mínim en parelles.





El falcó cama-roig és una petita rapinyaire de distribució oriental. El poden trobar des de la meitat oriental d’Europa, amb les principals poblacions a Hungria, fins a Mongòlia i l’est de la Xina. Es tracta d’un migrador regular al quadrant nordest de la península, que de vegades fa fortes irrupcions. 

Al final, a La Gallinera, hi vaig trobar tres mascles i una femella, tots adults. Després d’observar-los i gaudir-los una bona estona, vaig prospectar altres zones del voltant i finalment en vaig trobar un parell de femelles adultes que s’alimentaven en un camp, associades a un petit estol de xoriguer petit (Falco naumani), un altre petit falcó que cria, aquest sí, per les nostres contrades.



Els vespertinus van ser un oasi entre la sequera de migrants estivals. Quin goig! M’agraden les rapinyaires, però és definitivament la meva espècie favorita? N’és una entre els milers d’espècies d’ocells. Però aquell dia era el lloc i el moment. Aquí us deixo un video per compartir amb vosaltres aquesta meravellosa experiència. Disfruteu-lo.