L'ORNITONIGMA

divendres, 30 de juliol de 2010

Fuerteventura, julio de 2010


Al sur, bañada por las aguas del Atlántico y acariciada con fuerza por un viento que modela a su antojo, está la isla de Fuerteventura. No he investigado de donde le viene el nombre, pero se tiene que ser fuerte y un poco afortunado para sobrevivir en un medio tan extremo. El sol es implacable y el viento un compañero persistente. La isla, subyugada a estos dos elementos, es un claro reflejo de su acción conjunta: la aridez reina allá donde vayas. Así es el sitio que elegí este año como destino de mis aventuras ornitológicas.

Hacía tiempo que tenía ganas de ir a las Canarias, y este año era el perfecto, necesitaba una buena cura de estrés y un lugar con calor. Fuerteventura cumplía los requisitos, poca masificación y horizontes amplios. Mi hermana y mi cuñado tienen mucho que ver en la elección, y les estoy muy agradecido porque el viaje salió redondo. Pero vayamos al cogollo.

Dadas la condiciones extremas de la isla, la fauna ornítica es más bien reducida, en contrapartida resulta muy interesante. El carácter insular y las características del medio han modelado las especies, de manera que han surgido variedades (subespecies) de especies presentes en la Península Ibérica, como Alimoche (Neophron percnopterus majorensis), el Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus dacotiae), la Terrera marismeña (Calandrella rufescens polatzeki), las currucas tomillera (Sylvia conspicillata orbitalis) y cabecinegra (Sylvia melanocephala leucogastra), el Alcaudón norteño (Lanius excubitor koenigi), el Cuervo (Corvus corax tinguitanus) o el Pardillo común (Carduelis cannabina harterti) entre otras. Además su cercanía con el norte de África, ha permitido la colonización de la isla por parte de algunas especies norteafricanas tales como la Avutarda hubara (Chlamydotis undulata fuerteventurae), el Corredor sahariano (Cursorius cursor), el Herrerillo africano (Cyanistes teneriffae degener), y el Camachuelo trompetero (Bucanetes githagineus amantum). Y como ocurre en muchas islas a lo largo y ancho del planeta,  aparecen los endemismos. En este sentido, comparte especies endémicas con otras islas del archipiélago canario, como el Vencejo unicolor (Apus unicolor), el Bisbita caminero (Anthus berthelotii) y el Canario (Serinus canaria), pero el endemismo por excelencia de Fuerteventura es la Tarabilla canaria (Saxicola dacotiae). Los barrancos y laderas rocosas de Fuerteventura son el único lugar del mundo donde se puede disfrutar de la observación de este pequeño paseriforme.

LUGARES VISITADOS
Me centré fundamentalmente en ambientes interiores, los jables, los barrancos, y los llanos fueron mis principales objetivos (no visité muchos sitios, sino que me concentré en recorrer intensivamente unos pocos). También visité varios humedales, pero el fuerte estiaje ya los había secado. Y de manera ocasional hice alguna observación desde la costa. De norte a sur fueron: La Oliva (buen lugar para aves esteparias, aunque la suerte no me acompañó, sólo con el Halcón tagarote); Llanos de Tindaya y barranco de Esquinzo (en mi experiencia el lugar más interesante para Avutarda hubara, Corredor sahariano y Ganga ortega);  Los Molinos y Llanos de la Concepción (Alimoche, Corredor sahariano y Vencejo unicolor); Betancuria-Castillo de Lara-Vega de Rio Palmas-embalse de Las Peñitas (Herrerillo africano, Canario); Rosa de Catalina García; Jables de Jandia-Barranco de Pecenescal (Perdiz moruna, Halcón tagarote, Corredor sahariano, Tarabilla canaria, Curruca tomillera y Camachuelo trompetero); Cofete (Tarabilla canaria, Curruca tomillera y Camachuelo trompetero).


CRÓNICA DE LES OBSERVACIONES

13 de julio de 2010
No me demoré ni un minuto en salir a inspeccionar los alrededores del complejo hotelero donde estaba instalado –una burbuja de verdor en medio de la más intensa aridez, como caído del cielo-. Era la tarde del 13 de julio, estaba al ladito de los jables de Jandía, un extenso cinturón arenoso, que de este a oeste, es puerta de entrada al istmo del mismo nombre. La circulación por las pistas que lo atraviesan resulta cuanto menos arriesgada, debido a la alta probabilidad de quedarse atascado en la arena. Así pues, aquella tarde decidí utilizar las pistas pedregosas de los barrancos que lo circundan por el sur. Me dirigí al barranco de Pecenescal. A un lado de la pista dominan las tierras arenosas de los jables, mientras que al oeste están las laderas pedregosas de los barrancos. La excursión no pudo ser más fructífera. Tan pronto entré por la pista comencé a sentir y ver los primeros bisbitas camineros, sin duda alguna el ave más común y extendida de toda la isla, y que en los próximos días vería allá donde fuere. Se trata de una especie endémica de las Canarias y Madeira, que ocupa todo tipo de terrenos (dunas, jables, llanuras, áreas montañosas e incluso zonas urbanas y periurbanas, tal es su gran adaptabilidad). Un poco más allá sentí un reclamo familiar, era de gorrión, pero no del gorrión que tan acostumbrados estamos a ver por aquí, sino de una especie mucho menos común en la Península, el Gorrión moruno (Passer hispanolensis). Bastante abundante, lo encontré fundamentalmente por ambientes humanizados, pero también en otras zonas, aunque por lo general cerca de granjas de cabras. Aquella tarde, la suerte estaba de mi lado, ascendiendo por la pista se levantó una Abubilla (Upupa epops), especie bastante común en la isla, y al salir volando espantó un pajarillo que se posó muy erguido sobre una gran roca. Era mi primera Tarabilla canaria, una hembra, pero unos 200 m. más allá, en un pequeño barranco que moría en las dunas, encontré una pareja. Mientras observaba sus idas y venidas, entre los matorrales vi la primera Curruca tomillera del viaje. Aquella zona fue sin duda el mejor sitio para la especie. De vuelta al hotel, y bien satisfecho, apareció un bando de 12 camachuelos trompeteros. Pero no sería lo último que viera aquella tarde: un grupo de 5 perdices morunas atravesaron la pista y con gran premura enfilaron ladera arriba.
Tarabilla canaria
Bisbita caminero
Perdiz moruna
















14 de julio de 2010
Me desperté con el graznar de la pareja de cuervos que rondaba las instalaciones del hotel. En los jardines abundaban las tórtolas turcas (Streptopelia decaocto) y los gorriones morunos, aunque estos últimos se comportaban de forma bastantes esquiva.  El objetivo de ese día era la Avutarda hubara, y para ello me desplazé a los Llanos de Tindaya, al norte de la isla. En el recorrido hacia Tindaya hice alguna parada, y entre las observaciones cabe destacar un Busardo ratonero (Buteo buteo insularum) al norte de Casa de Matas Blancas y una Ganga ortega en la misma entrada de Costa de Antigua.
Ya en Tintaya comencé la prospección. Desde la pequeña localidad de Tindaya cogí la pista que dirección noroeste lleva al Barranco de Esquinzo. Durante el trayecto observé varios grupos de Terrera marismeña, bastantes bistitas camineros, un par de alcaudones meridionales, tres cuervos  acosando a un Busardo ratonero y cuatro camachuelos trompeteros. Pero ni rastro de la Hubara ni de los corredores saharianos. En el Bco. además de las numerosas palomas bravías (Columba livia), destacaba una concentración de 12 cuervos, que compartían las paredes rocosas con tres cernícalos vulgares. En los tarajales, hasta seis currucas cabecinegras, las primeras que veía. Después de dejar pasar las horas centrales del día, volví a los llanos y centré la búsqueda en la carretera que se dirigía al mar. Más de lo mismo, pero grupos más numerosos de Terrera marismeña y sendos bandos de Ganga ortega de ocho y dos ejemplares, además de una Curruca tomillera. Después de una jornada tan intensa bajo un sol de justicia y un viento constante, la vuelta al sur de la isla se hizo un poco dura.
Cuervo

Cernícalo vulgar
Alcaudón norteño (ssp. koenigi)














15 de julio de 2010
Era mañana de descanso, así que cervecita fresca, novela y al sol. Tanto relajarme por la mañana, que por la tarde me dio pereza desplazarme lejos, con lo cual me dirigí de nuevo a los jables de Jandía. Vi grupos pequeños de camachuelos trompeteros, un bando de 23 gorriones morunos y un bando de al menos 50 terreras marismeñas con algún camachuelo trompetero entre ellas. Además volví a ver las tarabillas canarias. Lo más impresionante vino bajando por un barranco, un grupo de palomas bravías se levantó bruscamente y como una bala caída del cielo apareció un Halcón tagarote (Falco peregrinoides). El halcón falló en su intento, y comenzó a hacer un vuelo de remonte. Durante unos minutos lo estuve viendo, hasta que se alejó en dirección a la costa. Aquello fue impresionante, el ataque fue delante de mis narices y puede disfrutar de una observación magnífica de una especie que creía que sería difícil de localizar (y de hecho así fue).
Finalicé la tarde en la playa de Barlovento, donde había Garceta común (Egretta garzetta), Chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus), un adulto de Gaviota sombría (Larus fuscus) y un buen número de Gaviota patiamarilla (L. michahellis atlantis).
Camachuelo trompetero
Gorrión moruno
Chorlitejo patinegro
















16 de julio de 2010
Llanos de Tindaya
Madrugón, un desayuno rápido y contundente y vuelta a Tindaya en busca de la Hubara y el Corredor sahariano. De camino, a la altura de La Lajita, dos pintadas comunes (Numida meleagris) atravesaron la carretera en un rápida carrera. Ya en Tindaya me centré en la carretera que se dirige al mar. Me habían dicho que era el mejor sitio para localizar las hubaras, ya que tenían la costumbre de ir a alimentarse entre la vegetación de los márgenes. Y en efecto, a unos 400 m. del pueblo, un ejemplar apareció al borde mismo de la carretera. Circulaba muy lento, haciendo paradas intermitentes para observar las márgenes con los prismáticos. Fue el coche quien la espantó. El ave se alejó caminando pausadamente hasta una distancia de seguridad de unos 30 m., lo que me permitió observarla a placer.

Avutarda hubara
Habían pasado 40 minutos, cuando entre la calima vi una figura estilizada que se movía con mucha rapidez, haciendo pequeñas paradas, sus movimientos recordaban a los de un chorlitejo, pero su aspecto mucho más estilizado y su color cremoso no daban lugar a dudas: un Corredor sahariano!! No, no, dos… espera… tres, hasta siete ejemplares se alimentaban a unos 200 m. de donde me encontraba. Me volví a meter en el coche y poco a poco me aproximé a la zona donde estaba el grupo. Se habían acercado al mismo margen de la carretera y puede observarlos a placer, ¡qué bicho más bonito! Elegante y estilizado, parecía un capricho y tenía algo de cómico.

Corredor sahariano (adulto)
Corredor sahariano (joven)

































El resto de la mañana se presentó muy bien, destacando el número de gangas ortegas: el grupo más grande fue de 14 ejemplares, un de siete, dos de dos y un individuo solitario.

La OLiva
Por la tarde me dirigí a La Oliva, donde hay una zona clásica para la observación de las hubaras. Las aves llegan cada tarde desde los campos cercanos para alimentarse en unos cultivos. Me situé a media ladera a la espera de la llegada de las hubaras, pero no hubo suerte. Sin embargo, durante la espera pude observar Perdiz moruna, Abubilla, Terrera marismeña, Bisbita caminero, Alcaudón norteño, Cuervo, Pardillo común y Camachuelo trompetero. Estaba muy cerca de una granja, y del cielo, como una bala de cañón, volvió a lanzar su ataque contra un bando de palomas un Halcón tagarote, que también falló, este sería el segundo y último contacto con la especie durante mi estancia en la isla.



17 de julio de 2010
Poco a poco iban saliendo las especies objetivo. Este día quería intentarlo con el Tarro canelo (Tadorna ferruginea). Sabía que el verano es la peor época para la especie, pero no podía abandonar la isla sin al menos haberlo intentado. Así que tocaba visita a los humedales.
Alimoche subadulto
Me dirigí primero a la Rosa de Catalina García. No quedaba ni rastro de agua, tan solo la arcilla cuarteada y en algún punto aún húmeda recordaba que allí había un humedal. No onstante, la cubierta vegetal estaba espléndida y aproveché para dar un paseo por las inmediaciones. En el recorrido vi Tórtola común (Streptopelia turtur); Vencejo común (Apus apus), el único ejemplar que registré durante mi estancia en la isla; Bisbita caminero; Curruca tomillera y Curruca cabecinegra; Alcaudón norteño; y los dos primeros alimoches, los famosos “Guirres”, un adulto y un subadulto.

Fotografía satélite del embalse
de las Peñitas.
El siguiente intento lo hice en el embalse de Los Molinos. Al pasar por Los Llanos de la Concepción vi otros dos alimoches, y en la pista que lleva al embalse de Los Molinos, una pareja de Corredor Sahariano con un joven. El embalse estaba prácticamente seco, sólo quedaba un pequeña lámina de agua de unos pocos centímetros, mi gozo en un pozo. No obstante, pude disfrutar del vuelo acrobático de cinco vencejos unicolor. La única ave acuática que vi, fue un adulto de Gaviota sombría que durante unos instantes sobrevoló el agostado humedal. Sólo faltaba por visitar el embalse de las Peñitas, pero el panorama era el mismo, un lago de arenas rojizas. A la derecha podéis ver una imagen del Google Earth.

La tarde la dediqué a caminar por los jables de Jandía. Salieron cinco perdices morunas y el resto de especies habituales ya citadas. Lo más interesante fue el número de currucas tomilleras, hasta 8 ex. en un recorrido de 4 km.

Curruca tomillera


18 de julio de 2010
Bien temprano me acerqué al cercano barranco de Pecenescal. Las especies habituales, destacando un bando de 29 camachuelos trompeteros (el más grande de los observados), una familia de tarabillas canarias, además de un macho solitario, y un Corredor sahariano, el primero que veía en esa zona.
                                                                                                                   

Tarabilla canaria (macho)
Tarabilla canaria (hembra/1er inv.)
Después de hacer unas gestiones con el coche alquilado, que me comieron el resto de la mañana, dediqué la tarde al área de Betancuria. En el trayecto, vi varios cernícalos vulgares y un Alimoche adulto.
Muy cerca e Betancuria está el único pinar de la isla, es el área de picnic de Castillo de Lara. Resultó ser una zona muy interesante. En el pinar había una pareja de Busardo ratonero con una Ardilla moruna (Atlantoxerus getulus) recién cazada (especie de roedor norteafricano introducido, que parece haber tenido un efecto muy importante en la recuperación de estas rapaces; no obstante, su abundancia parece preocupante, las ardillas se encuentran extendidas por toda la isla y en algunas zonas con densidades muy importantes). Además fue el único punto de la isla donde registré canarios (Serinus canaria), hasta 14 ex.; y naturalmente no faltó el Herrerillo africano, 4 ex. que buscaba su alimento principalmente por el suelo o en la parte baja de los pinos. Bastante conspicua era también la Curruca cabecinegra en las márgenes del pinar.

Canario

Herrerillo africano
Curruca cabecinegra

















19 de julio de 2010
Mi visita a Fuerteventura estaba a punto de concluir. Durante los días anteriores le había dado la espalda al mar, de manera que decidí dedicar unas horas a la observación de marinas. A parte de las numerosas gaviotas patiamarllas, sólo vi pardelas cenicientas (Calonectris diomedea). Hubo una observación inesperada, no obstante, un grupo de cinco ánsares comunes (Anser anser), costeando hacia el sur (la observación fue efectuada desde Morro Jable). 
Después de comer me dirigí a las dunas de Cofete. El paisajé volcánico me cautivó. Cerca de Cofete, en uno de los numerosos barrancos, encontré otro ejemplar de Tarabilla Canaria. Así concluía mi estancia en Fuerteventura.

Quiero acabar estás líneas agradeciendo a Raúl Bastida la información facilitada sobre enclaves y avifauna de Fuerteventura. Y naturalmente el apoyo incondicional de Miquel en el desarrollo de este viaje (santa paciencia la tuya).

1 comentari:

antonio ha dit...

bueno yo voy a hora para Fuerteventura, no tendre tanta libertad como tu para pajarear... ya os contare, gracias por tu informcion y enhorabuena por el reportaje

antonio