L'ORNITONIGMA

divendres, 3 de setembre de 2010

Galicia: A bordo del "Aula do Mar"

Antes de cerrar el capítulo veraniego de Galicia, quiero hablar sobre aves marinas y la gran experiencia vivida a finales de agosto a bordo del “Aula do Mar”. Después de quedarme sin plaza el año pasado, conseguí una para éste. Pero últimamente la Ley de Murphy parece que se ceba bastante conmigo y debido al persistente viento del nordeste, la organización decidió anular la salida. No obstante, la fortuna no me abandonó del todo, unos días después un encuentro casual con Cosme Damián me dio un rayo de esperanza: la Sociedad Albacetense de Ornitología había alquilado el barco para el 22 de agosto, y quizás quedasen plazas. Oscar Llama, con su buena estrella, me comunicó la buena noticia. 

Durante unas cuantas jornadas me estuve entrenando desde el Cabo Silleiro, al sur de Pontevedra. Curiosamente la mayoría de las aves (que nunca fueron muchas), se desplazaban hacia el norte. Fue un entrenamiento bastante monográfico, ya que casi sólo pasaban alcatraces (Morus bassanus) inmaduros, con un máximo de 207 ex./h. el 11 de agosto. Lo más destacado del resto de las jornadas fueron 4 pardelas sombrías (Puffinus griseus) el dia 8, un Falaropo picogrueso (Phalaropus fulicaris) el día 13, y 57 negrones comunes (Melanitta nigra) el día 16.

Excursión a Estaca
El día 18 subí con Dani González a Estaca de Bares, punto mítico en la Península Ibérica para la observación de aves marinas. Queríamos hacer un intensivo y disfrutar de la migración desde los acantilados del punto más septentrional de la Península. Durante varios días el viento estuvo soplando del nordeste, lo que dejó el mar vacio de aves, pero la mañana del 18 amaneció cubierta, el viento había rolado a componente oeste (¡genial!) y amenazaba con chubascos, las condiciones parecían buenas. Poco antes de alcanzar Santiago, apareció la lluvia, pero nuestro ánimo no menguó lo más mínimo. A las diez y media de la mañana alcanzamos la Punta de Estaca de Bares. El cielo continuaba gris, aunque no llovía. Una vez bien situados comenzamos a prospectar el mar con los telescopios.

A pesar de las buenas condiciones meteorológicas, el paso resultó muy flojo. En cuatro horas de observación sólo pasaron 387 ex. de 15 especies diferentes. La especie más abundante fue la Gaviota sombría (Larus fuscus) con 140 ex., seguida del Alcatraz con 127 ex. La presencia del resto de especies fue casi testimonial: 12 negrones comunes, 20 pardelas cenicientas (Calonectris diomedea), 16 pardelas pichonetas (Puffinus puffinus), tres pardelas baleares (P. mauretanicus), un Ostrero (Haemantopus ostralegus), un Chorlitejo grande (Charadrius hiaticula), un Andarríos chico (Actitis hypoleucos) y 28 limícolas pequeños sin identificar; también 3 págalos parásitos (Stercorarius parasiticus) y 2 págalos grandes (Stercorarius skua); además de las tres espécies habituales de charranes, Sterna sandvicensis, S. hirundo i S. paradisea. No fue un gran día, pero lo mejor estaba por llegar (que pena no haberlo compartido con Dani, otro año será).

Alcatraz
Se avanza la visita a Cariño
Ya había dejado a Dani en Vigo y continuaba hacia Canido, mientras pensaba en la salida que haría en el "Aula do Mar" el domingo 22. De repente me llegó un mensaje de José Miguel: “El  Aula do Mar sale a la mar el día 20. ¿Te apuntas?.” Sólo cabía una respuesta, y fue así de contundente: “Sí”.

Al día siguiente por la tarde, estaba de nuevo rumbo a Cariño. Me esperaba la pensión A Cepa, donde había conseguido habitación para dormir las dos primeras noches. Coincidía con las fiestas del pueblo y estaba todo lleno.


7:00 a.m. del 20 de agosto
Llegaba al puerto con el estómago bien lleno de matería sólida y muy poco líquido (eso y la Biodramina me ayudan a evitar el mareo). Allí me esperaba una gran sorpresa: ¡David y Manolo Pajuelo también embarcaban! Con 18 personas a bordo y su tripulación, el "Aula do Mar" partió rumbo al borde de la plataforma continental, en torno a las 20 millas marinas al norte de Cabo Ortegal. El cielo era gris plomizo, pero la predicción pronosticaba abertura de claros, el viento soplaba del suroeste y había mar de fondo del noroeste de 1,30 m.

Pardela cenicienta
Las primeras pardelas cenicientas y pichonetas hicieron su aparición al poco de abandonar puerto, junto con algunos alcatraces fueron pasando fugaces en dirección oeste. Hacia las 8 millas aparecieron los primeros paiños europeos (Hydrobates pelagicus). De camino, nos cruzamos con un arrastrero y le robamos parte de su cohorte de gaviotas. Un buen grupo se unió a nuestra estela. Allí vimos las primeras gaviotas de Sabine (Xema sabini). Estos grupos de gaviotas actuan como imanes para otras aves marinas y poco a poco fueron apareciendo más paiños, charranes comunes y algún Fumarel común (Chlidonias niger), y como no, los piratas de los cielos marinos: los págalos, aves depredadoras adaptadas a parasitar a otras aves marinas. Con sus vuelos potentes y acrobáticos persiguen a otras especies hasta obligarlas a vomitar el contenido de sus buches. Así que págalos grandes, parásitos y pomarinos (Stercorarius pomarinus) comenzaron a sobrevolar el barco.

Paíño europeo
Págalo pomarino



























Gaviota de Sabine
















Una de las especies más esperadas apareció casi al borde de la plataforma continental, el Paiño de Wilson (Oceanites oceanicus). Al menos vimos cuatro ejemplares, aunque por el número de contactos era posible que fuesen más. Este pequeño petrel migra desde aguas subantárticas a latitudes medias del hemisferio norte, donde pasa el invierno austral. Realmente su observación fue de manual, pudimos disfrutar de su característico planeo comparándolo in situ con los paiños europeos.





























En esa misma zona aparecieron las pardelas capirotadas (Puffinus gravis), la más pelágica de todas las pardelas que alcanzan el Atlántico oriental. Tan sólo llegamos a ver 3 ejemplares, pero fueron observaciones realmente buenas.

Hacia las 20 millas el patrón paró motores. José Miguel comenzó a preparar el chum (una especie de papilla de pescado) para atraer a la aves. Las distintas especies pasaban, pero no se acababan de enganchar al barco, o bien manteían una distancia o bien inspeccionaban un poco y continuaban su trayecto. Esta fue la tónica de la mañana.

Paiño de Wilson (izquuierda) y Paiño Europeo (derecha)

De vuelta a tierra, estuvimos escoltados por un buen grupo de charranes comunes, y durante un rato, también por una manada de delfines mulares que hicieron las delicias de los allí presentes.


Observación desde Estaca
El paréntesis entre embarque y embarque lo cubrí con la observación desde tierra. En Estaca de Bares me encontré con Oscar Llama, Antonio Sandoval y Alfonso, y allí compartimos unas buenas horas de observación, sobretodo de págalos pomarinos. En el tiempo que estuve (unas cuatro horas de observación) pasaron 7 negrones comunes, 109 pardelas cenicientas, 19 pardelas sombrías, 7 pardelas pichonetas, y 16 pardelas baleares; no faltaron los alcatraces, con un total de 170 ex.; 72 zarapitos trinadores; 7 págalos grandes, 56(muy buena cifra para agosto) pomarinos, 3 parásitos y ¡2 págalos raberos adultos!; no faltaron los charranes aunque en pequeño número: 14 patinegros, 27 comunes, 6 “comics” (comunes/árticos) y 7 fumareles comunes; y naturalmente las gaviotas sombrías, de las que al menos pasaron un centenar. La cosa prometía para la salida del día siguiente.

Págalo parásito (fase oscura)

Págalo pomarino





























7:00 a.m. del 22 de agosto
Me encuentro con los albaceteños en el muelle, allí están también Cosme Damián, Antonio Sandoval, Antonio Gutiérrez, Óscar Llama y otros compañeros. José Miguel está subiendo el chum a bordo. Salimos a la mar con un poco de retraso, coincidía que eran las fiestas del pueblo y siempre hay algún trasnochador. Las condiciones meteorológicas eran parecidas a las del día 20, pero hoy el cielo cubierto se negaba a dar paso al sol e incluso dejó caer algún pequeño orbayo. Tanto daba. Mar adentro nos esperaban emociones muy fuertes.

Al igual que en la salida anterior un pequeño grupo de gaviotas comenzó a seguir la estela del barco. En esta ocasión, sin embargo, los bichos comenzaron a aparecer primero y mucho ejemplares se engancharon a popa. Alcatraces, pardelas, charranes comunes y gaviotas de Sabine se unieron a la fiestas. A medida que nos acercábamos a la plataforma. El número de ejemplares fue aumentando y lo mismo pasó con el número de especies. 

Charrán común
Entre las 19,5 millas y las 20 millas, José Miguel comenzó a tirar el chum. Esta vez fue todo un espectáculo. Los charranes y las gaviotas de Sabine, se lanzaron a por el cebo a un metro de la borda del barco. Los paiños europeos y los de Wilson se concentraron a ambos lados del barco y comenzaron a alimentarse sobre la superficie del agua, formando enjambres (tan pequeños al lado del resto de aves, que parecien insectos revoloteando agilmente). Tanta algarabía atrajo a los págalos. El momento cumbre fue cuando cinco págalos raberos se unieron a la fiesta. Pero no aún faltaba algo. De repente, alguien gritó: “CASTRO”. Empezamos a mirar a todas partes, hasta que todas las miradas confluyeron en un punto negro que a gran velocidad volaba entre los paiños. Era un Paiño de Madeira (Oceanodroma castro). Aquello era el sumum.  En total vimos más de 50 paiños comunes, un mínimo de 15-16 paiños de Wilson, 6-7 págalos raberos, entre 12 y 13 págalos pomarinos y al menos 12 págalos parásitos, no menos de 14 págalos grandes; además de más de 120 gaviotas de Sabine, alrededor de una veintena de fumareles comunes, un falaropo picogrueso y alcatraces, pardelas cenicientas, sombrías, pichonetas y baleares. Lamentablemente falló la capirotada, pero fue una ausencia bien compensada.

Paíño de Wilson
Paíños comunes y de Wilson























Paíño de Madeira
Paíño de Madeira






























Págalo rabero adulto en plumaje nupcial











Págalo rabero adulto mudando a plumaje de invierno.
Gaviota de Sabine
















La vuelta a puerto fue una delicia. Todo el mundo estaba contento. Me gusta este final feliz. Espero reencontrarme el año que viene con toda esa gente fantástica a bordo del “Aula do Mar”, una experiencia para no olvidar.