L'ORNITONIGMA

divendres, 17 d’agost de 2012

Israel 2012: de Eilat a Jerusalén

En esta segunda parte, dejaremos la populosa y turística Eilat para adentrarnos en la árida región de Arava y recorrer las orillas del Mar Muerto. Desiertos pedregosos, wadis serpenteantes y altas paredes rocosas fueron los entornos que exploramos en la búsqueda más o menos exitosa de las especies propias de la región.



4 de abril: Eilat – Ein Gedi
Las gangas de Lichtenstein nos habían dejado tan buen sabor de boca que con las primeras luces del alba, mientras dábamos buena cuenta de un contundente desayuno para afrontar un día largo e intenso, ya fantaseábamos con una y otra especie que veríamos a lo largo del día y nos faltaban pies para salir corriendo. La playa Norte nos había defraudado en la primera visita, pero con ánimo optimista nos fuimos de nuevo a batirla en la búsqueda de las míticas especies que tantas y tantas veces habíamos visto citadas.

Con una luz aún débil, pisamos las arenas de la orilla. Las  cornejas caseras (Corvus splendens) ya pululaban a la búsqueda de lo que fuera, como buenas oportunistas que son. El Martín pescador pio (Ceryle rudis) pasó de nuevo frente a nosotros en un vuelo rasante para posarse durante unos instantes en una atalaya y desaparecer fugaz en territorio jordano. Telescopio y prismáticos barrieron una y otra vez las aguas del golfo de Aqaba. Finalmente tuvimos nuestra recompensa, una silueta oscura y ahusada volaba justo por encima del horizonte en dirección a tierra. Se fue aproximando a la costa jordana hasta posarse en una gran boya. El Piquero pardo (Sula leucogaster) se mantuvo esbelto sobre la boya distante. Durante mucho tiempo deseé ver esta especie, y aunque lejana, el mar Rojo nos brindó esa fantástica estampa.

Pero mientras observábamos una y otra vez el piquero y seguíamos barriendo las aguas del golfo, desatendimos nuestras espaldas. Fue el bullicio de las cornejas caseras lo que llamó nuestra atención. Una papelera medio volcada ofrecía un banquete a una decena de cornejas caseras, entre ellas, un inmaduro de Gaviota arménica (Larus armenicus) trataba de hacerse un hueco.


Ejemplar de 2º año calendario de Larus armenicus


Después de un rápido vistazo a la Estación de Anillamiento y su entorno, nos dirigimos hacia las salinas del km 20. Allí estaban las cuatro especies de chorlitejos, pero esta vez eran 12 los C. leschenaultii.



Lo más interesante con respecto al día anterior fue la entrada de paseriformes, destacando un macho de Collalba de Finsch (Oenanthe finschii) y otro de Collalba de Chipre (O. cypriaca), pero la gran mayoría eran collabas grises y collalbas rubias orientales. Estas últimas resultaron especialmente numerosas. En el acceso a las salinas vimos también 4 collalbas isabel.

Oenanthe melanoleuca (hembra) 
Oenanthe melanoleuca (macho) 

Los bisbitas campestres resultaron más numerosos, con un mínimo de 3 ejemplares y varios bisbitas gorgirrojos se alimentaban en los bordes de las pistas junto a numerosas lavanderas boyeras de diferentes subespecies. La más numerosa la flava, pero también pudimos ver muchas thunbergi, varias feldegg, y varios supuestos ejemplares de la subespecie centroasiática beema.

Anthus cervinus 
Motacilla flava beema?
Motacilla flava thunbergii
Motacilla flava flava

Sobrebolándolos estaban las tres especies de abejarucos que se pueden ver en la zona. El europeo (Merops apiaster) y el esmeralda (M. orientalis) ya los habíamos visto en jornadas anteriores. Esta vez se les habían unido 7 abejarucos persas (Merops persicus). Todo un lujo disfrutar de las tres especies simultáneamente y poden comparar in situ los rasgos diagnósticos que ayudan a diferenciarlas. Y por encima de todos ellos un flujo intenso de gaviotas, entre las que pude distinguir un adulto de Larus (fuscus) heuglini.


Aún teníamos mucho camino hacia el norte y deseábamos aprovechar las mejores horas de la mañana, de manera que enfilamos rumbo por la R-90 para intentar de nuevo el Chorlito asiático en los campos de Yotvata. Los estorninos de Tristam nos dieron la bienvenida.

hembra
macho
La fortuna nos dio de nuevo la espalda con los chorlitos, pero el campo estaba infestado de collalbas grises e isabel. Las dos grullas comunes continuavan allí rodeadas de nutridos grupos de calandrias comunes y gorriones morunos.

Sin demorarnos más, retomamos la R-90 hacia el norte, haciendo diversas paradas en zonas que nos parecieron interesantes o cuando alguna silueta rompía el monótono azul del cielo. Aguiluchos laguneros y muchos ratoneros de la subespecie vulpinus seguían nuestra misma ruta. En tierra, currucas zarcerillas, collalbas colinegras (Cercomela melanura) y 2 buitrones desertícolas (Scotocerca inquieta inquieta) nos amenizaron el trayecto.

Cercomela melanura

Pero el plato fuerte llegó a la altura del km 121. En una zona arbustiba varias currucas zarcerillas deambulaban de una mata a otra y entre ellas apareció de repente lo que a primera vista parecía una Currura cabecinegra (Sylvia melanocephala momus). Sin embargo había algo en aquel pajarillo que me decía que no lo pasara por alto. Afortunadamente pude tirarle unas cuantas fotos, que me permitieron sospechar que era una Curruca de Ménétries (Sylvia mystacea). Posteriormente, Marcel Gil confirmó la observación, indicándome que probablemente fuera un morfo intermedio entre las subespecies mystacea y rubescens, quizás de los que crían en Siria o el sur de Turquía.

Sylvia mystacea
Sylvia melanocephala momus (hembra)

Así transcurrió el trayecto hasta Ein Gedi, a orillas del Mar Muerto, donde nos falló el gorrión que lleva su nombre, pero donde vimos el primer Cuervo colicorto (Corvus rhipidurus) del viaje. En un recorrido por uno de los wadis nos hartamos de ver Sylvias y entre ellas una Curruca ustulada (S. melanothorax).

En el albergue donde nos alojamos, disfrutamos de las magníficas vistas de un atardecer sobre el mar Muerto, mientras comíamos galletas que compartiamos con nuestros osados vecinos, los estorninos de Tristam y a los bulbus ojiblancos.



5 de abril: Ein Gedi – Jerusalem

La extrema aridez del desierto de Judea se interrumpe bruscamente a orillas del mar Muerto. Encajado entre abruptos cortados, este enorme mar interior de 80 km de longitud es alimentado por el río Jordán y las aportaciones de manantiales más o menos permanentes que se precipitan hacia sus orillas. Ein Gedi es uno de ellos.

Nos quedaba todo un día por delante antes de llegar a Jerusalem y dar por concluida la parte ornitológica de nuestra visita a Israel. Ello nos obligó a ser selectivos. Nuestro principal objetivo era el wadis Salvadora.



Dadas las circunstancias y pese al cansancio, era delito no madrugar. Con el desayuno aún bajando por el exófago, emprendimos la jornada. El bullicio de las aves en los alrededores de Ein Gedin era demasiado goloso como para irnos directos a Salvadora sin al menos echar un vistazo. Y la decisión bien que mereció la pena. Al poco iniciar el camino hacia el wadis David, vimos a los pies de una acacia un Turdoide arabe (Turdoides squamiceps).



Pero el bimbazo de lujo apareció cerca de la localidad de Quedem, entre unos matorrales, situados en el cauce seco de un torrente. Lustroso como él solo, se dejó ver un macho de Curruca de Rüppell (Sylvia ruppelli). Aparecía y desaparecía entre los matorrales, confundiéndose entre las decenas de currucas zarcerillas que también pululaban por allí.

Al sur del Mar Muerto volvimos a ver de nuevo las cornejas cenicientas (Corvus cornix), que junto al Cuervo colicorto fueron las dos especies de córvidos que vimos en esta zona montañosa.


Muy abundantes resultaron las collalbas colinegras. Algunas parejas estaban en pleno celo realizando displays y subiendo al wadis Salvadora, encontramos un nido donde la pareja de adulto aportaba ceba.

En el wadis Salvadora fue donde vimos otra de las collalbas de la región, un precioso macho de Collalba núbica (Oenanthe lugens) que se movía entre las rocas de una pequeña planicie a medio camino de la subida.

Cuando llegamos al punto de observación, nos apostamos al abrigo de una roca. El sol caía con fuerza y la tuvimos que compartir con una par de cabras núbicas.  Desde nuestro puesto de observación y a lo largo de la subida observamos terreras saharianas, aviones roqueros africanos, collalbas núbica y colinegra, currucas zarcerillas, capirotadas y cabecinegras, bulbus cabecinegros, estorninos de Tristam, una pareja de cuervo colicorto, un Escribano estriolado (Emberiza striolata) y un flujo por encima de los cortados de milanos negros y ratoneros comunes orientales y algún Ratonero moro.

A las 13:34 h., bajo un sol de justicia, atravesamos la Línea del Armisticio de 1949 y entramos en Cisjordania. El viaje no representó grandes novedades desde el punto de vista ornitológico. Lo más interesante fue la transformación del paisaje. Las áridas planicies del norte del mar Muerto dieron paso a una sucesión de colinas cada vez más vegetadas. Así, las tonalidades ocres que nos acompañaron durante todos estos días dieron paso a un verdor fresco y sorprendentemente frondoso.

Tras atravesar la ciudad de Jerusalem, nos dirigimos a los campos de Mishan David. Una vegetación diferente suposo una representación faunística diferente también. Los arrendajos comunes de la subespecie atricapillus fue lo más llamativo. Tambien el aumento del Buitrón rabilargo (Prinia gracilis), abundante entre la vegetación herbácea y ruderal del borde de las balsas de agua. Desde las zonas arbóladas brotaba el canto del Carbonero común y la suerte nos deparó la observación, siempre fugaz de un par de ruiseñores rusos (Luscinia luscinia), uno de los cuales dejó ir su canto en varias ocasiones.

Garrulus glandarius atricapillus
Prinia gracilis

En una gran balsa de agua se concentraba un numeroso grupo de patos cuchara, azulones y un par de cercetas comunes, más de 100 fochas comunes y al menos un veintena de zampullines chicos. En la orla de carrizos se apostaban garcillas cangrejeras y bueyeras, varias garcetas comunes y un par de garcetas grandes. Desde la valla que rodeaba el perímetro de la laguna un cernícalo común se lanzaba en vuelos rasantes hacia los campos, mientras aguiluchos laguneros y águilas culebreras los sobrevolaban. La última observación antes de llegar a Jerusalem fue la de 5 grajillas (Corvus monedula).



Jerusalem

Viajar a Israel sin hacer una parada en la ciudad de Jerusalem, nos parecía como comernos un bocadillo y olvidarnos del pan. Los tres días que pasamos merecerían un post en exclusiva, pero dado que no es el objetivo de este blog, sólo os diré, que no perdáis de vista vuestros prismáticos. Los cielos de la ciudad son sobrevolados, a  parte de por miles de vencejos comunes, por bandos de cigüeñas blancas y negras. Sobre sus tejados cazan pequeños grupos de cernícalos primillas y en sus parques, además de las omnipresentes cornejas cenicientas se pueden ver cosas tan interesantes como picos sirios (Dendrocopos syriacus).


hembra 
macho