divendres, 5 agost de 2011

Verano ártico: Varanger (1ª parte)

11 de julio
Después de una salida desde Barcelona un tanto accidentada en lo personal (imponderables de cuando a uno no le gusta nada, nada el avión, ¡con lo bien que se está con los pies en la tierra!), aterricé en Helsinki a la hora prevista.  Me esperaban dos horas muertas en el aeropuerto, uno de esos sitios donde todo parece quedar neutralizado por ese estado temporal de tránsito. Decidí que era un buen momento para repasar los cantos y reclamos de las espécies de aves que esperaba encontrar unas horas más tarde en la Laponia finesa.

Colimbo ártico
Tras un vuelo de apenas una hora, aterricé en Ivalo, pequeña ciudad al sur del enorme lago Inari. Nada más salir de la terminal del aeropuerto, escuché un sonido muy familiar, era el tren de notas silbantes tan característico de los zarapitos trinadores (Numenius phaeopus). Buen recibimiento en una tarde lluviosa y fresca. Aún tenía por delante 70 km. de carretera hasta Kaamanen, donde pasaría la noche. El día había sido largo y las ganas de estirarme sobre la cama eran ya perentorias ¿pero cómo resistirme a no parar durante el trayecto? Las gaviotas canas (Larus canus) y los zorzales alirrojos (Turdus iliacus) me sobrevolaban o cruzaban fugaces la carretera. En una parada al borde de un gran lago, el Kirakka, descubrí la primera pareja de colimbos árticos (Gavia arctica), dos preciosos adultos luciendo su lustroso plumaje nupcial, descansaban en las aguas tranquilas bajo la luz mortecina del atardecer boreal. Una fuerte tormenta acompañada de aparato eléctrico, no me dio demasiadas opciones. Rumbo directo a Kaamanen.

12 de julio
Si dormir en la “noche” boreal es cuanto menos difícil, resulta casi un reto hacerlo con una colonia de charranes árticos a pocos metros de la ventana. El hostal Kiilopää está ubicado entre ciénagas, donde, además de la pequeña colonia de Charrán ártico (Sterna paradisea), crían Agachadiza común (Gallinago gallinago), Combatiente (Philomachus pugnax), Andarríos bastardo (Tringa glatreola) y Falaropo picofino (Phalaropus lobatus), un buen plantel de limícolas en un espacio bastante reducido. A pesar de la luz, la mayoría de las aves cesan su actividad, pero sólo momentáneamente, porque tres o cuatro horas después de ponerse el sol, los charranes volvieron a la carga con su chirri-chirri insistente.



















Ya puesto a madrugar, ¿qué mejor hora que aquélla para hacerlo? Es momento de una actividad intensa. Los pardillos sizerines (Carduelis flammea), un adulto seguido de dos jóvenes volanderos, se movían incansables entre los pinos y abedules. Y muy cerca sentí el reclamo de un Carbonero lapón (Poecile cinctus), el primero del viaje.

Pinzón vulgar
Julio es la época en que las aves ya están con sus crías, por ello casi todas las especies han cesado con sus cantos y se mantienen silenciosas y discretas. En tales circunstancias, detectarlas resulta más difícil y a veces es incluso frustrante caminar y caminar sin prácticamente no sentir ni ver nada. A pesar de todo, los bosques lapones, que son bastantes jóvenes (sólo el 30% tiene más de 130 años), albergan una buena comunidad de aves, aunque la densidad es bastante baja. La voz dominante la pone, sin duda,  el Pinzón real (Fringilla montifringilla) con su canto raspante, pero estos bosques de coníferas son también el hábitat de especies tan emblemáticas de estas latitudes, como el Arrendajo funesto (Perisorius infaustus), que tiene algo de fantasmagórico, aparece silencioso y desaparece sin ser visto. Nunca sabes dónde está, pero él siempre parece estar esperándote. 

Arrendajo funesto
En esta zona, encontré Mosquitero común (Phylloscopus collybita) y Zorzal charlo (Turdus viscivorus), ambas especies en el límite septentrional de su área de distribución europea. Las otras tres especies de zorzales, el común (T. philomelos), el alirrojo (T. iliacus) y el real (T. pilaris), resultaron, por el contrario, bastante comunes y me sorprendió especialmente la versatilidad del Zorzal común para ocupar hábitats muy diferentes.

A medida que avanzaba hacia el norte, los pinares dieron paso a ciénagas y lagos rodeados por bosques de abedules y sauces enanos. Es éste el tipo de formación idónea para labanderas boyeras (Motacilla flava thumbergi), pechiazules (Luscinia svecica svecica) y escribanos palustres (Emberiza schoeniclus). En los bosques de abedules, además de pinzones reales y pardillos sizerines, encontré varios machos cantores de Mosquitero boreal (Phyllocopus borealis), un pequeño paseriforme, grande entre los de su género, que cría en las altas latitudes de Eurasia y pasa el invierno en el sudeste asiático.


EDITO: "The phylloscopus in the pages is Phylloscopus trochilus, not borealis. There is no wingbar, the eyebrow is not strong and narrow like in borealis, and the nostril feathers are pale unlike borealis. Again, the shape of the bird is wrong, borealis beeing shorter-tailed and a bit front heavy. See, eg. here:http://www.tarsiger.com/gallery/index.php?pic_id=petro1232384211&lang=fin
Borealis is a very scarce bird here, also in N Finland." (Petro Pynnönen)




































En las charcas, lagos y ciénagas muchas de aquellas especies que vemos por nuestras latitudes como migrantes o invernando, u otras que son verdaderas rarezas, estaban en plena crianza. Un lago de poco más de una hectárea, congregaba dos familias de Porrón moñudo (Aythya fuligula), una de Porrón osculado (Bucephala clangula), una de Havelda (Clangula hyemalis), otra de Negrón común (Melanitta nigra) y dos de Negrón especulado (M. fusca). Todo un lujo para la vista. En charcas más pequeñas y con orlas de vegetación, encontré varias familias de Serreta chica (Mergellus albellus).


video

Además de lo citado, cabe destacar diverses especies de limícolas. Fundamentalmente Falaropo picofino, Chorlito dorado (Pluvialis apricaria) y el abundantísimo Andarríos bastardo, daba la sensación de que había una pareja en cada charca o recodo de lago. Más escaso resultó ser el Archibebe oscuro (Tringa erythropus); el Archibebe claro (T. nebularia) lo encontré en aquellas zonas con bosque más maduro; mientras que el Andarríos chico (Actitis hypoleucos) aparecía en corrientes fluviales o lagos con orillas rocosas, pero casi nunca en zona enfangadas.


Andarríos bastardo
Utsjoki hace frontera con Noruega. Allí tenía previsto aprovisionarme para mi estancia en Varanger. Unos 80 Km. antes de llegar, hice una frenada de espanto. ¿El motivo? Un cadáver en la carretera. La especie esperaba verla, pero no de esa manera. Era un ejemplar atropellado de Ampelis europeo (Bombycilla garrulus).



A las seis de la tarde atravesaba el río Tana, que hace de frontera natural entre Finlandia y Noruega. La lluvia arreciaba, pero ese no era motivo para no parar aquí y allá y observar las aguas del fiordo. Éideres comunes (Somateria mollissima) por doquier, grupos de serretas grandes (Mergus mengaser) aquí y allá, y de vez en cuando algún grupo de Negrón especulado. Aquella noche disfruté de una cena caliente en Vadsø, donde pasaría los siguientes seis días.

















12 al 17 de julio: Varanger
Varanger es uno de esos paraísos deseado por cualquier ornitólogo. Su encanto no radica exclusivamente en sus aves. Un paisaje imponente lo ocupa todo. La bravura de una naturaleza indómita hace de la observación una tarea dura, el viento agrieta la piel, el frío recorre los huesos y la lluvia sólo da falsas treguas. Personalmente opino que todo ello le añade atractivo.


A la mañana siguiente de mi llegada, la lluvia caía con la misma intensidad. Fuerte. Había quedado con un naturalista local que me tenía brindada una sorpresa: tenía localizado un Cárabo gavilán (Surnia ulula) e íbamos a intentar verlo. La lluvia arreciaba, y por un momento pensé que sería empresa casi imposible, pero él insistió en intentarlo y yo, que soy fácil de convencer para estos menesteres, me vi caminando entre un bosque de abedules enanos intentando localizar la huidiza rapaz nocturna. Y la localizamos, pero en el sitio más inesperado. ¡Se había refugiado del aguacero en la viga del porche de una cabaña! La observación fue breve, las condiciones eran difíciles y además no queríamos espantar al bicho, pero la mojadura valió la pena, ¡vaya si valió la pena!



De allí nos dirigimos a su cabaña, donde tiene instalados unos comederos permanentes para aves. Los pardillos sizerines y varios pardillos de Hornemann (Carduelis hornemanni) se alimentaban a pocos metros de nosotros. Y no eran los únicos, pinzones reales, verderones (Carduelis chloris), algún Camachuelo común (Pyrrhula pyrrhula) y varios carboneros lapones (Poecile cinctus), entre otros, hacían lo propio.

Pardillo sizerín (joven)
Aparte de disfrutar con observaciones tan privilegiadas, pude constatar que en verano el Pardillo de Hornemann fetén sólo existe en las guías. Para verlo hay que esperar al otoño-invierno, cuando tienen el plumaje nuevo y lustroso.  Durante el verano, su plumaje está muy desgastado, y tienen un aspecto más sucio y desaliñado. Identifiqué con seguridad aquellos ejemplares más “límpios” o aquellos en los que puede comprobar los principales rasgos diagnósticos . Pero vi unos cuantos que me dejaron con la duda. Además de en esta zona al oeste de Vadso, registré la presencia de la especie al este de Krampenes el día 14; cerca de Kiberg, donde vi un ejemplar solitario el día 15; también cerca de Kumaveri, donde localicé otro ejemplar; y finalmente dos ejemplares más en las dunas de Ekkeroy en un bando de más de 100 pardillos sizerines. 

Pardillo sizerín (macho)

Éste y los siguientes son pardillos de Hornemann



















No fue la única especie de pardillo, en Vardo pude ver el único Pardillo piquigualdo (Carduelis flavirostris) del viaje.

La carretera E-75 transcurre como una arteria a lo largo de la costa sur de la península, desde Varangerbotn en el oeste hasta Vardo en el extremo oriental. A banda y banda de la carretera, las posibilidades de observación son innumerables.  Hacia el sur se extienden las gélidas aguas del fiordo y hacia el norte la tundra. Cualquier sitio parece ser bueno. Una parada y viene a recibirte una Aguja colipinta (Limosa lapponica), vigilante ante la cercanía de un intruso. Más allá los zarapitos trinadores y los chorlitos dorados se hacen presentes con sus alarmas (es tiempo de cría). En las zonas más próximas a la costa, las colonias de charranes árticos salpican el paisaje. A veces algunas parejas se establecen en lugares inauditos, como el borde del camino de una casa, y ten cuidado al pasar, ya que los propietarios son muy celosos de su territorio. Curioso que en la inmensidad de la tundra busquen la compañía humana. Incluso cuando se aparca se tiene que ir con prudencia, no sea que se atropelle a un pollo de Combatiente (Philomachus pugnax).

Aguja colipinta (hembra)

Combatiente (hembra)

Pollo de Combatiente

Archibebe común
Chorlito dorado
Pareja de charranes árticos

Desde sus atalayas, los págalos parásitos (Stercorarius parasiticus) vigilan su territorio o vigilan, atentos a algún descuido, las colonias de charranes. Más escasos son los págalos raberos (S. longicaudus), aunque este año loo encontré con más facilidad y sedimentados cerca de la costa, incluso vi una pareja con un pollo mediano y otra con un pollo volandero que perseguía a sus padres haciendo gala del vuelo ágil y acrobático propio del acosador que será en el futuro.

Págalo parásito (adulto de fase oscura)
Págalo rabero adulto



Caminando como ratones, surgen de entre la maraña de sauces enanos enanísimos los escribanos lapones (Calcarius lapponicus) y allà donde hay un poco de roca, y con suerte (en mi caso la suerte llegó desde Manresa), se puede ver el Escribano nival (Plectrophenax nivalis).

Escribano lapón (joven)
Adulto de Escribano nival

Joven de Escribano nival





























Las aguas que bañan la costa, no están menos vacías. Más bien al contrario. Los grupos de eideres comunes (Somateria mollissima) son  simplemente innumerables. En esta época las hembras se unen formando guarderías, en tanto que los machos forman grandes reuniones de muda. Así pues no era raro encontrar grupos de 200 o 300 ejemplares. Durante los días que pasé en Varanger, chequeé decenas y decenas de estos grupos a la búsqueda del Eider de Steller y del Eider real (Somateria spectabilis). Del primero, ni rastro, pero del segundo encontré un macho en una bahía al sur de Hamningberg. Un lugar que debía tener algo especial, porque allí había reunidos 157 éideres comunes, 254 serretas medianas y 148 serretas grandes, 42 haveldas, un par de negrones comunes, 122 cormoranes moñudos, además de 23 araos aliblancos, algunas alcas y araos comunes, un Colimbo ártico, cinco colimbos chicos, y un lugar como éste era imposible que no tuviera Colimbo de Adams (Gavia adamsii).¡Y allí estaban! Dos magníficos ejemplares de primer verano.




Era 17 de julio. Aquella noche tenía que dormir en Ivalo (Finlandia), a más de 300 km al sur, pero no me podía resistir a exprimir las últimas horas al máximo, y Xavi y su novia, dos manresanos que encontré en medio de la tundra, me brindaron un “bimbo” muy buscado, la Alondra cornuda! Fue llegar a Ekkeroy y besar el santo. Allí estaban dos preciosos ejemplares de este escaso alaúdido. La foto es meramente documental.



Seguro que me dejo un montón de cosas, como el Ánsar campestre que vi en Vardo o las dos familias de Porrón bastardo que encontré en unas lagunas al borde de la carretera, o los pigargos que vi por la costa, o los ratoneros calzados que encontré en varias zonas... pero hay un sitio que no quiero dejar de citar, la isla de Hornoya. Antes os dejo con un par de fotos de algunos de los mencionados.


Ánsar campestre
Familia de porrón bastardo


La primera vez que la visité fue una experiencia única. Esta segunda ocasión, fue si cabe más intensa que la primera. La contemplación de miles de álcidos en sus acantilados es un espectáculo del que vale la pena disfrutar, incluso con el tobillo torcido y negro como una morcilla. A partir de ese momento el viaje tomó otro rumbo. Pero ahora os dejo con las imágenes que siempre serán mejor que mis palabras.


Alca
Arao aliblanco
Frailecillo con Arao común
Frailecillo
Araos comunes
Arao de Brünnich y araos comunes
Cormoranes moñudos
Gaviota tridáctila 
Bisbita costero
EDITO: Revolviendo en el disco duro me encontré este vídeo de una gaviota tipo glaucoides/hyperboreus, filmada a orillas del río Tana.

4 comentaris:

David Álvarez ha dit...

Acojonante Quique!! a ver si nos vemos por Asturias y me cuentas mas detalles.
un abrazo

Anònim ha dit...

Magnífic viatge ornitològic.
L'any que ve estic pensant de fer un viatge per aquelles terres i fer algun que altre "bimbo".
Gràcies!

Quique Carballal ha dit...

David, cuando pase por Asturies te doy un toque y hablamos.
Abrazos.

Quique Carballal ha dit...

Varanger mai decep. No t'ho pensis.