L'ORNITONIGMA

dimarts, 12 de març de 2013

Solución al Ornitonigma de febrero


Las apariencias engañan. Este paseriformes nos lo encontramos una fría y ventosa tarde de enero al borde de un camino en el entorno del P.N. de los Aiguamolls de l’Empordà. Atendiendo al dato fenológico, ya queda bien claro de que especie se trata. No obstante, vamos a analizarla someramente.


Su aspecto es aparentemente rechoncho, como lo puede ser una Buscarla Unicolor (Locustella lucinoides) o un Ruiseñor bastardo (Cettia cetti). Además en ambos casos las tonalidades de las partes superiores pueden parecer muy semejantes, de un marrón más o menos intenso. Hay, sin embargo, una serie de rasgos que las descartan rápidamente.

En el caso de que se tratara de una luscinoides, falta la curbatura tan característica de las primarias externas, que le dan al ala ese aspecto redondeado (no siempre apreciable en el campo, pero a esa distancia sí debería de serlo). La base de la cola es demasiado estrecha, y no ancha, con unas infracobertoras caudales que deberían de llegar casi a alcanzar la punta de la cola. La cola, que además de muy ancha, debería de ser  visiblemente graduada desde las rectrices externas cortas a las centrales mucho más largas. Es decir, tendría forma de cuña. Ya hemos comentado el tema de la coloración, pero cabe recordar que el marrón intenso de las partes superiores se extendería de forma más o menos diluida hacia el pecho y los flancos. Además carecería de contrastes. Sería muy uniforme. Y en el ave de la fotografía se observa un estriado oscuro en manto, además de un ligero contrate con las grandes cobertoras y las terciarias, que pese al acusado desgaste, aún muestran bordes externos claros. Por último, hay un rasgo muy importante que no está presente en el ave de la fotografía: la base del pico debería de ser substancialmente más ancha, conectando con una frente plana, lo que le daría al conjunto un perfil ahusado.

Si no es una Buscarla unicolor, por qué no puede ser un Ruiseñor bastardo (Cettia cetti). En principio su aspecto rechoncho debería de cuadrar. Sin embargo las proporciones no se ajustan al patrón de la especie, donde destaca una cabeza proporcionalmente grande, un pico corto y fino, y como en el caso de la luscinoides,  una cola ancha con infrabobertoras caudales de mayor proyección. Sin contar con una coloración castaño rojiza más uniforme, y una lista superciliar mejor definida.

El Carricero agrícola (Acrocephalus agricola) se ajusta bastante a los patrones morfológicos comentados para las otras dos especies. En su caso, la coloración es un poco más pálida, de tonos menos intensos, y faltaría entre los rasgos diagnósticos más importantes, esa expresión facial tan característica determinada por una ceja larga, pálida y bien marcada desde las bridas hasta casi la parte exterior de las cobertoras auriculares.

En definitiva, se trata de un Bisbita alpino (Anthus spinoletta), que debido a las circunstancias meteorológicas, había adoptado una postura encogida. Esto, sumado al desgaste que presentaba el plumaje, nos hizo pasar un buen rato. Fijaos en las partes inferiores color ante uniforme con estriado marronuzco en los flancos a modo de pinceladas; el supercilio blancuzco; las partes superiores marrones con un estriado oscuro muy suave, que parecen casi lisas; el diseño cefálico propio de la especie;  y la longitud de las terciarias, que casi alcanzan la punta de las primarias.