L'ORNITONIGMA

dijous, 10 de gener del 2013

Con mis prismáticos a cuestas: fin del recorrido.


Atravesar la Península Ibérica desde el Atlántico hasta el mediterráneo, es disfrutar de una gran variedad de paisajes. Abandonadas las estepas castellanas, volvimos al Cantábrico para bordearlo hacia el este el dirección al norte de Navarra. Seguro que ya suponéis que el objetivo era muy claro. En efecto, teníamos la intención de ver el Ampelis europeo (Bombycilla garrulus), que Pedro Arratíbel y Pedro Arratíbel Jr. Descubrieron a las puertas del Señorio de Bertiz el 30 de diciembre de 2012. Tras pasar la noche en Elizondo, nos plantamos con las primeras luces del 5 de enero en la antigua entrada de Bertiz. Aquella era la información que me habían facilitado y estaba claro que de estar, había de ser allí, los aligustres estaban cargados de bayas y en las ramas de los árboles más altos abundaban los muérdagos con sus blanquecinas bayas. Fuimos los primeros, pero no los únicos, pronto empezó a llegar más gente. Primero Javier de Bilbao, después Juan Carlos y Silvia de Huesca. Y fue a los pocos minutos de llegar ellos cuando por fin apareció. Tardó en hacerlo, pero apareció. Al final unas 15 personas pudimos disfrutar de tan magnífica ave. Desgraciadamente el día no acompañó. Una niebla espesa deslució la observación. No obstante, fue mucho lo que disfrutamos con el pequeño emplumado. Aquí os dejo una foto testimonial y un vídeo donde se ve como se acicala.




Con el tiempo justo decidimos acercarnos a Pamplona a intentar el Pardillo alpino (Carduelis cabaret) que fue descubierto en el parque de la Ciudadela de Pamplona por los mismos descubridores del Ampelis. Y allí estaba, fiel a los tres abedules donde se alimentaba el grupo de lúganos (Carduelis spinus) a los que acompaña.




La vuelta a Barcelona fue tranquila, peo aún llena de emociones. A la altura del km 32 de la A-21 nos sobrevoló un grupo de buitres a los que acompañaba ¡un Quebrantahuesos! Finalmente hicimos una parada en los arrozales que hay en la A-127 pasado Ejea de los Caballeros y camino de Tauste. Allí descansaban un mínimo de 440 grullas.


Unas vacaciones como éstas tardarán en volver. Desde aquí quiero agadecer la ayuda de Pablo Fernández, Fernando Pereiras, Cosme Damián, Marc Gálvez, José Ardaiz, Juan Carlos y Silvia (y perdón si me dejo alguno).

Ahora vuelta a la tranquilidad y el sosiego de las costas de Barcelona, Maresme y comarcas cercanas, siempre llenas de emociones y sorpresas.